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3/12/12

Cosas que nunca confesé a nadie, Manuel Navarro Seva



«De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que
nunca se alcanzan...
La ñata contra el vidrio,
en un azul de frío»
Cafetín de Buenos Aires.




Conocí a Boris Rudeiko (Manuel Navarro Seva) hace varios años, en el foro de prosa de Bibliotecas Virtuales. Rápidamente adquirí la costumbre de leer sus cuentos en cuanto los publicaba: eran buenos, de verdad buenos. Aprendí a degustar sus particulares narradores, siempre lejanos, incluso indiferentes. Me enamoré de sus historias cotidianas, a veces incluso surgidas de sencillas anécdotas. Luego, seguí su escritura durante estos años y lo primero a decir es que, simplemente, esa escritura es cada vez más atrapante.

Y, como en el tango, sigo pegando la ñata contra el vidiro, mirando de afuera una literatura —esa, la de Boris/Manuel— que nunca alcanzaré. Por más que me esfuerce no llegaré a escribir tan bien como él.

Así que cuando supe que había publicado «Cosas que nunca confesé a nadie» me alegré muchísimo. «Era hora, Boris, que te decidieras», le dije, «no puede ser que tus cuentos anduvieran por ahí, muriéndose de risa en blogs y foros». Lo más rápido que pude abrí cuenta en Amazon y me hice del libro.

«Cosas que nunca confesé a nadie» es un excelente recopilatorio de cuentos y de cuentos muy particulares. No hay sensiblería ni sentimentalismo. No hay aventuras épicas, trasfondos gloriosos ni espeluznantes terrores.

Lo que sí hay es vida. De la de verdad. De la que nos atraviesa. Uno, inocente, lee un relato sencillo, breve, que, además, se lee con facilidad, llega al final… ¡Ah!, llega al final y entonces cae en la cuenta de que se le ha adherido al alma la mirada triste de un niño. Y uno, inocente, cree que podrá desprenderse fácilmente de esa tristeza. Pero no, no es así. Y regresa sobre los pasos, vuelve a leer el cuento, lo dimensiona de otra forma. O bien sucede que uno lee una historia simple, cotidiana y, cuando menos lo espera, lo fantástico se adueña de lo cotidiano, al mejor estilo cortaziano. Te invade la desazón, la inquietud, ¿dónde está el límite entre lo real y lo fantástico? ¿Existe tal límite?

Manuel Navarro Seva no escribe por escribir: escribe porque tiene algo que decir. Lo dice. Y lo dice con arte y con oficio. La estructura de los cuentos es limpia, nítida, fluye. La prosa, construida con precisión de cirujano (o de ingeniero…) y con vuelo de artista, posee esa maravillosa cualidad de ser literariamente compleja pero aparentemente sencilla. Por eso sus cuentos se leen con facilidad.

Y a esto llamo literatura. De la buena. 

Puede decírseme que la amistad que me une a Boris nubla mi juicio. Que soy subjetiva. Es posible (¿cuándo se es objetivo?). Pero cuando, una y otra vez, te arremangaste para leer un cuento, con la firme decisión de destriparlo palabra por palabra, y tras una laboriosa tarea, tras sumergirte en las oraciones, las frases y los párrafos, apenas encontraste una coma que (quizás) podría eliminarse (o quizás no)… Y pese al destripamiento ese cuento no pierde su magia, su capacidad de conmover… ¿Qué decir? ¿Qué otra cosa podría yo decir, si he leído varias veces La luna y todas y cada una de esas veces me emocionó, si creo que Gripe es una descarnada fotografía de quiénes somos, si todavía intento averiguar cuál es el sortilegio secreto que funde tan limpiamente lo real y lo fantástico en Una barra de pan?

Pues decir que hay que leer «Cosas que nunca confesé a nadie».


11 comentarios:

DNAZ FRANCO dijo...

Felicidades de nuevo a Boris. Ya pronto espero hacerme de mi copia para (re)leer esos cuentos que me dejaban inquieto en los foros, con su apariencia inocente de divagaciones urbanas cuando en realidad eran estudios de carácter.

Mientras tanto, también felicito a Esther por haber logrado el traspaso de local sin percance alguno. Ya he enlazado el nuevo blog en mi lista de blogs amigos.

Saludos,
D

Boris Rudeiko dijo...

Gracias, Esther. Una reseña como solo tú sabes hacer.
Un abrazo.
Boris

Boris Rudeiko dijo...

Gracias de nuevo, Dnaz Franco. Un abrazo.

Yo también felicito a Esther por su nuevo Blog.

Vanessa Navarro Reverte dijo...

Estupenda reseña, estas Navidades adquiriré el libro. Enhorabuena a Boris y, como ha dicho Dan, me alegro mucho de que el traslado se haya realizado sin inconvenientes, Esther. Ya te he actualizado en mi blogroll y gracias por avisarnos.
Un abrazo a todos.

Esther dijo...

Definición precisa, Daniel: cuentos con "apariencia inocente de divagaciones urbanas cuando en realidad eran estudios de carácter". Y, la verdad, no es lo mismo leerlos en un foro, uno cada tanto, que leer el libro: adquieren más profundidad, si cabe.

Gracias por las felicitaciones sobre el traspaso de local, Jeje... tuvo sus inconvenientes (¿cuándo no, con mi blog, lugar a mitad de camino entre la realidad y lo fantástico, donde se rompen todas las leyes de la informática?)pero ya estamos más o menos en marcha... Así que en breve me pasaré por tu blog, que creo no visito desde hace un tiempo largo...

Un abrazo,
Esther

Esther dijo...

Ah, Boris (Manuel), es que es tan fácil reseñar «Cosas que nunca...», la reseña no es mérito mío sino del libro. Y es una alegría enorme el tener la oportunidad —¡por fin!— de escribirla.

No soñábamos con estas cosas allá, a lo lejos, en BV, ¿no es así?

Un abrazo grande,
Esther

Esther dijo...

Las gracias te las doy a vos, Vanessa, por actualizar la dirección en tu blog, que es, además, un blog al que me gusta visitar (cosa que haré en breve de nuevo, tras este impasse).

Sí, regálate el libro, verás que es un regalo que apreciarás en muy mucho...

Besos,
Esther

pepsi dijo...

Joer, qué bien dicho! A mí me resulta increíble contar con un amigo como es Boris que escribe así de bien y una amiga, Esther, que lo explica tan bien.

Conjunciones de este tipo deberían constar en el Calendario maya, en el Juliano, en el Chino...

Besos!!!!
pepsi

Esther dijo...

Ah, pepsi, ¿y si hacemos un calendario por nuestra cuenta? :)

Besos!

dafd dijo...

Recuerdo a este autor de la página Prosófagos. Te agradezco esta anotación que me ha llevado al libro de Rudeiko con esa Insólita confesión por principio.
Esta recopilación de cuentos es una buena idea. Efectivamente reunir en un volumen todos los cuentos dispersos nos permite a los lectores introducirnos en el mundo de este autor. Lo que me lleva a sugerirte, sin pretender ningún descaro sino con todo afecto, una propuesta de este mismo tipo a ti, Esther, para que los lectores que te seguimos podamos encontrar en un volumen tantos y tantos relatos que has escrito.

Esther dijo...

Me alegro, dafd, que esta entrada te haya sido útil para arribar al libro de Boris (o Manuel, claro). La verdad sea dicha, un libro es un libro: no es lo mismo leer los cuentos aquí y allá, en blogs y foros, que leerlos en un libro. Justamente "Cosas que nunca confesé a nadie" ha sido un excelente ejemplo, para mí, de esta diferencia; conocía la mayoría de los relatos, ¡pero cuánto más gana cada uno, así, formando parte de un único volumen!
(Veremos... Algún día de este 2013 me pondré a la tarea...).

Un abrazo,
Esther